(Nota)
Una vez expuesta la postura, o más bien, el diagnóstico que hace Schopenhauer ante la vida y los dolores del mundo, no queda más que continuar la exposición con, lo que podríamos llamar, los remedios prescritos y tratamientos prohibidos, que él señala como efectivos contra dicha enfermedad de la existencia.Se comenzará este capítulo con un breve resumen sobre el problema de la voluntad de vivir, para posteriormente hablar sobre el arte como "aquietador" de la volición, el suicidio, la conmiseración y el ascetismo.Una vez más, los textos que se utilizarán principalmente en el desarrollo de los temas serán El mundo como voluntad y representación y El amor, las mujeres, la muerte y otros temas.Empezaremos por recordar que todo querer nace de una necesidad, es decir, de una carencia, y por lo tanto, de un sufrimiento.La satisfacción pone fin al sufrimiento; pero por cada deseo que se satisface existen otros insatisfechos. Las necesidades son infinitas y su satisfacción es breve y escasa. La satisfacción definitiva es sólo aparente, y el deseo colmado siempre deja su lugar a otro nuevo, volviendo así la lucha por la satisfacción imposible, donde cualquier necesidad saciada "se parece a la limosna que se arroja al mendigo y que sólo sirve para prolongar sus tormentos." "Todo deseo nace de una necesidad, de una privación, de un sufrimiento. Satisfaciéndolo se calma. Mas por cada deseo satisfecho, ¡cuántos sin satisfacer! Además, el deseo dura largo tiempo, las exigencias son infinitas, el goce es corto y mezquinamente tasado.
" EL ARTE DE LA FUGA
En la experiencia humana encontramos que el individuo fija su deseo en algo e inmediatamente después, subordinando el conocimiento a la voluntad, utiliza su entendimiento para alcanzar su objeto del deseo. Siendo así la inteligencia herramienta con la cual ha dotado la naturaleza al hombre para poder alcanzar los fines de la voluntad. Mientras estamos ocupados bajo la presión del deseo con sus alternativas de esperanza y de temor no es posible que disfrutemos dicha ni tranquilidad. El desear nos mantiene oscilantemente presos entre el dolor y el placer y es este movimiento vertiginoso y perpetuo lo que nos mantiene incómodamente alejados de la tranquilidad y el sosiego.Cuando una circunstancia exterior o nuestro propio estado de ánimo nos arranca del círculo vicioso del querer (emancipando nuestro conocimiento de la esclavitud del deseo) y nuestra atención concibe las cosas libres de sus relaciones con nuestra volición, es decir, de un modo desinteresado, sin subjetividad, objetivo, la tranquilidad buscada antes por el camino del querer aparece llenándonos de dicha."Entonces es cuando ese reposo vanamente buscado por todos los caminos abiertos por el deseo, pero que siempre ha huido de nosotros, se presenta en cierto modo por sí mismo y nos da la sensación de la paz en toda su plenitud." Cuando el conocimiento se emancipa de este modo no existe ya para nosotros ni el dolor ni la dicha; nos hemos convertido en un sujeto cognitivo libre de voluntad: es decir, una inteligencia pura sin propósitos ni fines."El delicioso éxtasis anejo a la contemplación se cifra en que nos libera de los tormentos del querer, convirtiéndonos en puro sujeto cognitivo que se toma vacaciones y festeja el Sabbath de los trabajos forzados impuestos por la volición." Es así, que sí uno se convierte en sujeto puro del conocimiento, alejado de la voluntad y el círculo vicioso que conlleva, nos alejaremos necesariamente de la condición de posibilidad del sufrimiento, teniendo por consecuencia la incapacidad de experimentar dolor. Mientras que la posibilidad de experimentar gozo, siendo el deleite de naturaleza negativa, permanecerá intacta.Ahora bien, Schopenhauer sostiene que los instantes más felices que conocemos son aquellos en que la contemplación de obras de arte nos hace libres de los ávidos deseos.En la contemplación estética "nuestra personalidad desaparece en la intuición, nos perdemos en el objeto, olvidamos nuestro individuo (…) convirtiéndonos en puros objetos del conocer." "Este efecto sólo puede lograrse por la fuerza interior de una disposición artística." Sin olvidar que esta disposición de espíritu se puede ver favorecida y estimulada por ciertos objetos que nos predisponen a ella.Las cosas bellas nos invitan y casi nos imponen un conocer "avolitivo", por medio del cual nos olvidamos de lo que inquieta nuestra voluntad, volviéndonos sujetos puros del conocimiento. A pesar de lo anteriormente expuesto, el camino del arte, como salida de emergencia a la dialéctica aprogresista del querer en su incesante movimiento oscilatorio, es insuficiente, ya que no se puede permanecer mucho tiempo en la contemplación estética, es decir, en el goce desinteresado de lo bello que sólo aquieta por algunos instantes la voluntad voraz del hombre, y más temprano que tarde seremos reclamados fuera de dicho estado, de vuelta al círculo vicioso del querer. "Se dice que la maldad se expia en aquel mundo; pero la estupidez se expia en este." *
lunes, abril 03, 2006
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